José Luis de Vilallonga y Cabeza de Vaca, IX marqués de Castellbell, Grande de España (Madrid, 29 de enero de 1920 - Andrach, Mallorca, 30 de agosto de 2007) fue un aristócrata, escritor y actor español. Era descendiente de Fernando I de León y de Castilla, y del Barón de Maldà (1746-1818). Proclamada la Segunda República Española, sus padres se exiliaron en Biarritz (Francia) durante seis meses y después regresaron. La Guerra Civil sorprendió al futuro escritor estudiando en el colegio de los dominicos de Saint-Thelme de Arcachon. Vilallonga entró en las filas del bando sublevado como alférez provisional de requetés; contó que formó parte de un pelotón de fusilamiento a edad tan temprana como los 16 años. Rechazaba la carrera diplomática que su familia le quería hacer seguir y empezó a decantarse por el periodismo y la literatura. En la Barcelona de posguerra empezó a colaborar en la revista Destino y fue articulista para los periódicos El Noticiero Universal y Diario de Barcelona. Realizó la Carrera Diplomática durante cuatro años y se casó con la aristócrata inglesa Essylt-Priscilla Scott-Ellis (1916-1983), marchando a Inglaterra con ella; entre 1945 y 1950 se dedicó a la cría de caballos en Argentina y en 1951 regresó a Francia, tras una breve estancia en España. De Francia no pudo volver a España en muchos años a causa del veto que le impuso el régimen franquista por su libro Las ramblas terminan en el mar.
La visión "neutral" y equidistante sobre la Guerra Civil (el “todos fueron iguales”) es más peligrosa de lo que aparenta a simple vista. La idea de que hubo dos bandos enfrentados y que todos fueron culpables y todos sufrieron por igual no responde a la realidad. Esencialmente, ni siquiera fue una guerra, fue un golpe de Estado que puso fin de forma violenta a la experiencia democrática más importante de España. En muchas zonas de España ni siquiera hubo “guerra” ni “campos de batalla”, hubo sencillamente exterminio y represión. Los militares golpistas aliados con la oligarquía, banqueros y altas jerarquías de la Iglesia promovieron el golpe de Estado, al que le siguió una guerra y una dictadura que puso fin a la democracia y al Estado de Derecho. No podemos poner al mismo nivel a los defensores de la democracia (republicanos) que a los que sometieron a España a un cruel dictadura durante cuarenta años (franquistas).
Además, no hay que olvidar que el bando franquista contó con el apoyo de Alemania y de Italia, los dos países que provocaron la II Guerra Mundial. Juan Carlos Monedero propuso que en lugar de Guerra Civil se llamara “Guerra de España”, puesto que se trató también de una invasión del fascismo italiano y alemán. La diferencia con Europa es que ahí, tras la II Guerra Mundial, se volvió a la democracia. En España no, aquí fueron cuarenta años de dictadura.
Las guerras no sólo se ganan en las trincheras. Ochenta años después todavía se juega una dura batalla en el terreno de la divulgación y del sentido común. Esto es algo mucho más importante que lo que pueda derivarse de las polémicas de los eruditos y los historiadores, que son desde luego imprescindibles. Pero el nivel divulgativo tiene mucho más peso político. Cuando se consolida un relato oficial y se plasma en el sentido común de la población, en los libros de texto, en las tertulias, en las televisiones, se está haciendo algo importantísimo. Quien gane la batalla del sentido común habrá ganado una de las batallas más definitivas de la guerra civil. Y en los últimos tiempos se han visto algunos signos inquietantes: de pronto hay jóvenes que afirman que la guerra civil comenzó en el año 34 a raíz de un golpe de Estado perpetrado por el PSOE. El revisionismo mediático de la caverna ha ganado, pues, una partida muy importante. Y eso no se puede refutar sencillamente con un artículo en una revista científica. Hay que operar en el campo de la divulgación.
Existen dos tipos de revisionismo. Hay una versión extraacadémica, protagonizada por Pío Moa, César Vidal y la caverna mediática. Esto es puro franquismo encubierto y no es más que una manera más de continuar con la guerra civil poniéndose del lado de los vencedores. Hay otro revisionismo académico, como el que representan Manuel Álvarez Tardío y otros, a veces, incluso, Santos Juliá, que es antifranquista, aunque se critique muy duramente la II República. En ese terreno es posible la discusión. Y luego, hay también una apariencia de neutralidad en cierta manera de plantear las cosas que opera al nivel de la divulgación (ahí se puede inscribir a Arturo Pérez-Reverte).
https://diario16.com/la-vision-equidi...
Documental: Las fosas del silencio (2004)
El aristócrata ex-franquista José Luis de Vilallonga habla de las masacres del bando franquista camera iphone 8 plus apk | |
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| People & Blogs | Upload TimePublished on 5 Dec 2018 |
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